| Chechenia
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10
de septiembre de 2004
Claves
del conflicto checheno
La simplificación
del conflicto del Cáucaso, en la que incurren los medios de
comunicación beneficia la política represiva del gobierno de
Rusia, el cuál logro convertir a Chechenia en sinónimo de
amenaza internacional. Mediante este artificio, se ocultan
intereses energéticos en la región, a lo que se le suma la
doble moral de Estados Unidos y la Unión Europea a la hora de
hablar de terrorismo.
En los últimos nueve años el 10 por ciento de la población
total de Chechenia (alrededor de 250 mil personas) murió a
causa de las tropas rusas, de los cuáles más de 42 mil son
niños menores de 11 años. La enorme cantidad de muertes más
los 200 mil refugiados y la expropiación de los recursos
energéticos (gas y petróleo) son el verdadero orígen de
esta guerra que lleva ya diez años.
Sin embargo, los medios de comunicación no profundizan
sobre el conflicto y transcriben lo que dice el Kremlin,
ocultando el sufrimiento del pueblo checheno, cuya gran mayoría
repudia tanto a las tropas rusas como a los guerrilleros
independentistas.
Aun, las cosas están confusas. Hay diferentes versiones
sobre quiénes fueron los responsables del secuestro y la
feroz matanza en la escuela de Osetia del Norte. Pero, todo
apunta al terrorismo checheno, que aunque Moscú insista
en meter a todos los separatistas en la misma bolsa hay
diversos matices.
Algunos analistas hablan de una nueva generación de
rebeldes chechenos que usan métodos más sangrientos que sus
predecesores de la década del 90, que lucharon y vencieron a
Rusia en la primera guerra de independencia. Entre los
moderados se encuentra el ex presidente Aslán Masjadov.
¿Qué controla Rusia?
Actualmente hay 80 mil efectivos rusos en Chechenia, muchos
los cuáles están acusados por Amnistía Internacional de
violar grávemente los Derechos Humanos masacrando poblaciones
civiles, entre las cuales se esconden guerrilleros, y
arrasando el pequeño país islámico.
En el Cáucaso, existen varias repúblicas semi autónomas
que quieren independizarse de la Federación Rusa, todas son
vecinas de Chechenia: Daguestán, Ingushetia y Osetia del
Norte. Rusia no se puede dar el lujo de perder esta región
rica en petróleo, que además es un lugar propicio para el
paso de oleoductos que transportan los hidrocarburos del Mar
Caspio y Negro al centro de Rusia.
Por eso Moscú, siempre que hay elecciones en Chechenia,
invalida a los candidatos independentistas, a los que acusa de
cómplices del terrorismo y planta sus fieles candidatos.
Las dos guerras de Chechenia
En la primera guerra de Chechenia (1994-1996) el desgaste
ruso de la guerra de guerrillas en las montañas, provocó la
retirada y posterior declaración de independencia del país
caucásico, la cuál estuvo en relativa paz hasta 1999.
En 1997 fue elegido el líder moderado Aslán Masjadov,
pero tuvo que afrontar problemas internos, entre ellos al
radical Shamil Basayev, una especie de chivo expiatorio que
está acusado de cometer todos los actos terroristas contra
Rusia incluyendo la nunca probada relación de Chechenia con
Al-Qaeda.
Los robos de petróleo, tráfico de armas y secuestros
provocaron que el gobierno de Masjadov se desastabilizara,
pero su punto cúlmine fue en octubre de 1999 cuando las
guerrillas de Basayev encabezaron un levantamiento en la
vecina República de Daguestán.
La precaria salud del premier ruso Boris Yeltsin y el
encabezamiento de las operaciones militares en Chechenia y
Daguestán por parte de Vladimir Putin provocaron el ascenso
de éste al poder y un recrudecimiento de la ofensiva contra
los rebeldes en el Cáucaso.
La doble moral occidental
A lo largo de la década del 90, Estados Unidos ha apoyado
a diferentes facciones guerrilleras en Chechenia, para
debilitar internamente a Rusia y encarecer la utilización del
oleoducto del Cáucaso controlado por Moscú.
El 11 de septiembre de 2001 fue la oportunidad perfecta
esperada por Putin para lograr el hasta entonces nulo apoyo
occidental; por el contrario EE.UU. acusaba a Rusia de violar
los Derechos Humanos en la segunda guerra de Chechenia.
En seguida, Moscú se puso a disposición de Washington
para enfrentar al terrorismo insternacional. Las ambiciones de
Putin incluían el ingreso de Rusia a la Unión Europea, la
OTAN y la OMC, condonación de una parte importante de su
deuda externa, aumento de las inversiones extranjeras y el
despeje de obstáculos para los negocios nucleares con Irán y
de energía con Irak. Además obtuvo la promesa del apoyo
militar norteamericano en Chechenia.
A cambio Putin le concedió a EE.UU. la anulación de los
tratados antimisiles (ABM) firmados por la Unión Soviética
en 1972, cerró las últimas bases rusas en Cuba y Viet Nam,
firmó con Bush un tratado desigual sobre la reducción de
armas nucleares y aceptó el despliegue de 150 asesores
militares en Georgia.
Al terminar la guerra de Afganistán, EE.UU. no necesitó más
a Rusia. Putin no obtuvo nada de lo pactado, salvo que
occidente deje de criticar durante cinco meses la situación
de los civiles chechenos.
En mayo de 2002 el subsecretario de Estado para Europa,
Steven Pifer negó la existencia de lazos importantes entre
los chechenos y Al-Qaeda.
Hoy día, EE.UU. asila a Illyas Ajmadov, un líder
separatista checheno que Rusia lo cataloga de terrorista.
Conclusión
Es evidente que los actos terroristas contra Rusia han
recrudecido a lo largo del 2004: asesinato de Ajmad Kadyrov,
el presidente impuesto por el Kremlin, los dos aviones
derribados simultáneamente a fines de agosto, el atentado en
el metro de Moscú, y la toma de rehenes y masacre en la
escuela de Osetia del Norte.
Pero, no hay que perder de vista las cifras de los
asesinatos civiles en territorio checheno, como tampoco la
diferencia entre los líderes independentistas, los cuáles no
todos están a favor de la matanza indiscriminada, sino que
quieren un proceso democrático limpio - vetado siempre por
Moscú - y la salida de las tropas rusas del suelo checheno.
Entendiendo esto se puede llegar a la génesis del
conflicto y no caer en confusiones y generalizaciones mal
intencionadas que sólo desvirtúan y favorecen las políticas
de mano dura del presidente Putin y engendran más odio y
violencia de la que se generó en 10 años de lucha.
Maximiliano Sbarbi Osuna

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