| Corea
del Norte -
27 de febrero de 2005
Corea
del Norte sube la apuesta
La posible
presencia de armas atómicas en la península coreana sitúa
al gobierno de Pyongyang en una posición de mayor fortaleza
en la pulseada que mantiene con Washington y sus aliados asiáticos.
Sin embargo, a pesar de lo que opinan varios analistas, EE.UU.
no resultó debilitado tras el anuncio del gobierno
norcoreano.

Presidente de Norcorea: Kim Jong il
Por un lado, los halcones de la Casa Blanca y del Pentágono
tienen la excusa perfecta del peligro de Corea del Norte para
seguir financiando excesivos gastos militares, y legitimar la
presencia de 37 mil efectivos militares en Corea del Sur.
Pero, la razón más importante tiene relación con el aumento
de la influencia de EE.UU. sobre sus colegas de Japón y Corea
del Sur en este momento en que China pretende expandir su
preponderancia en la región.
Sea o no cierto que el gobierno de Kim Jong il tenga
cabezas nucleares, Washington se aferra aun más al compromiso
militar con Tokio y Seul, a quienes demanda una mayor
militarización y presencia en conflictos ajenos, tal como les
exigió en la última guerra de Irak.
La posición de Corea del Norte
No hay duda de que Corea del Norte no quiere repetir la
posición de debilidad de Saddam Hussein, que por todos los
medios y en vano intentó demostrar que no fabricaba armas
prohibidas, de esta manera, Pyongyang sube la apuesta y se
pone en condiciones de lograr un mayor peso en la negociación
con EE.UU.
Pero, ¿Qué exige Corea del Norte? A cambio de desmantelar
su programa nuclear, el gobierno de Kim Jong il pretende que
Washington firme un compromiso de que no va a desestabilizar
ni atacar militarmente a su gobierno, el retiro de Corea del
Norte de la lista del "eje del mal", la no intromisión
de EE.UU. en el diálogo con sus vecinos surcoreanos, la
salida de las tropas norteamericanas de la península y la
prestación de ayuda económica para paliar la crisis energética
.
El orígen del conflicto
En los acuerdos de 1994, Pyongyang se comprometió a no
reabrir sus plantas atómicas a cambio de la promesa
norteamericana de construir dos reactores en Corea del Norte
para generar energía, pero la llegada de Bush (hijo) al poder
propició el abandono del proyecto en 2002 con la excusa de
que Corea del Norte había transformado 8 mil varillas de
uranio en plutonio para producir armas atómicas.
Norcorea manifestó que estaba produciendo plutonio para
fines pacíficos y que se vio forzada a hacerlo porque EE.UU.
le había quitado el apoyo energético vital para su
empobrecida economía.
Las conversaciones de seis partes (las dos Coreas, Japón,
Rusia, China y EE.UU.) en Pekín abrieron una esperanza de diálogo,
pero todas fracasaron sin acuerdo alguno. El cambio de
estrategia norcoreano cambia la situación y alarma al
gobierno de Seul.
El temor de Corea del Sur
Más que a la bomba norcoreana, Seul le teme a la reacción
estadounidense, ya que un ataque a Corea del Norte, lanzaría
inevitablemente a Corea del Sur a una guerra nuclear con
Pyongyang.
De manera enérgica, Corea del Sur le recuerda a EE.UU. que
no va aceptar un aumento de la tensión entre Washington y
Norcorea que ponga en peligro la seguridad en la península
coreana.
Conclusión
En ese sentido, la proclama nuclear de Corea del Norte deja
paralizados en su accionar belicoso a los más duros de la
administración Bush, ya que Corea del Sur lleva una década
de pacificación con el norte. Pero, por otro lado, el aumento
de la influencia militar y política de Estados Unidos en la
región produce inevitablemente un acatamiento, por parte de
Tokio y Seul, a los propósitos que Washington tenga hacia el
controvertido gobierno norcoreano.
Maximiliano Sbarbi Osuna

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