| GUERRILLAS
Guerrillas siglo XXI
La vigencia de la lucha armada
en el mundo ya no depende, como hace algunas décadas,
solamente de las ideologías, sino que el panorama se
ha vuelto más amplio. El único factor que se
mantiene es la implicación de las potencias ya sea
por intereses geopolíticos, al enviar contingentes
militares o prestar apoyo logístico, o económicos
al ser las principales proveedoras de las armas para que las
guerras internas no tengan fin.
Por
Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE)

El gobierno colombiano de Álvaro Uribe repudió
el pedido de Chávez, ya que tanto Bogotá como
Washington consideran que ambas facciones practican tácticas
terroristas. En cambio, el gobierno argentino mantiene la
misma política de la ONU de no incluir a estos dos
grupos en la lista negra de extremistas.
Actualmente, en América Latina solamente perduran
grupos guerrilleros de importancia en Colombia. Además
de los ya mencionados FARC y ELN, está el Movimiento
19 de Abril (M-19) y las AUC, las Autodefensas Unidas de Colombia,
más conocidas como los Paramilitares. Se han descubierto
nexos muy próximos al presidente Uribe y varios de
sus ministros con las AUC, que de la misma manera que las
FARC y el ELN practican el secuestro extorsivo y el narcotráfico
como medios de sustento.
Aunque el apogeo de los movimientos guerrilleros haya tenido
lugar en las décadas del sesenta y setenta, en la actualidad
existen decenas de importantes grupos armados en todos los
continentes, cuyo objetivo es la toma del poder para establecer
un sistema político diferente, un cambio de grupo económico,
social o étnico dominante, o imponer un gobierno religioso.
La distinción que los distintos gobiernos hacen entre
grupos terroristas o legítimas fuerzas beligerantes
depende siempre de qué intereses tenga un país
en determinados conflictos. Por ejemplo, EE.UU. y sus aliados
por un lado consideran terroristas a las guerrillas que obstaculizan
sus objetivos y por otro lado financian varios grupos armados
en África en contra de países que le son hostiles
por motivos políticos y económicos, como es
el caso del Congo y Sudán.
Varias veces se utiliza la democracia como excusa para que
un Estado apoye económicamente a un grupo insurgente
dentro del territorio de otro país, sin embargo, varios
de esos Estados que ostentan los valores democráticos,
son los que al mismo tiempo suministran apoyo a dictadores,
como por ejemplo la ayuda de Washington a los regímenes
ilegítimos y sangrientos de Chad y Guinea Ecuatorial
por citar dos ejemplos.
En África está muy claro el panorama de apoyos
que proporcionan las potencias a los gobiernos locales y a
varias guerrillas insurgentes, lo que en el fondo podría
dividir el continente en dos bloques. Existen las fuerzas
subversivas afines a EE.UU. , que luchan contra los gobiernos
pro chinos o viceversa, como por ejemplo la etnia Ijaw en
Nigeria que ha saboteado varios oleoductos de la empresa Shell
en 2006. Desde el ingreso de capitales chinos a este país
africano, la guerrilla Ijaw ha cesado de atentar contra los
intereses petroleros nigerianos.
El caso contrario se da con el Ejército Popular de
Liberación de Sudán y el Movimiento de Liberación
de Sudán, que son grupos armados de la provincia de
Darfur, financiados por Washington en contra del gobierno
islámico de Sudán que mantiene fortísimos
lazos petroleros con China y Rusia. Las milicias árabes
Janjaweed con la complicidad de China y el gobierno sudanés
oprimen a los pobladores de Darfur, cuya masacre ha dejado
alrededor de 300 mil muertos en cinco años.
En el Congo, los guerrilleros tutsis, apoyados por EE.UU.
y Uganda, parten de Ruanda y Burundi, cruzan las fronteras
y atentan contra el gobierno central. Otras milicias africanas
son: el Frente Polisario, que actúa en Marruecos, los
tuaregs de Níger y las guerrillas apoyadas por China
que actúan en contra del gobierno prooccidental de
Chad.
Además, tanto en África como en Asia existen
guerrillas religiosas que pretenden establecer gobiernos religiosos
y que repudian la presencia tanto europea, como norteamericana
y China. Varios de estos grupos armados están acusados
de pertenecer a la red global Al Qaeda, que por puro simplismo
es el nombre que las potencias le asignan a las guerrillas
islámicas sunnitas contrarias a sus intereses.
Los Tribunales Islámicos somalíes son un ejemplo
de guerrillas acusadas de pertenecer a la organización
de Bin Laden, al igual que Al Qaeda para el Magreb, una milicia
que están asentada en Argelia y Libia.
En Asia Central, también existen grupos armados que
pugnan por derrocar a los gobiernos locales y establecer un
califato islámico que comprenda el territorio que va
desde China hasta el Mar Caspio. Este es el caso del Movimiento
Islámico de Uzbekistán y los combatientes uigures
del oeste de China.
Otras guerrillas musulmanas asiáticas son: Hezbollah,
que mantiene desde el Líbano el enfrentamiento contra
Israel; Hamas, en Palestina; Talibanes en Afganistán
y Pakistán; y los grupos insurgentes islámicos
del sur de Tailandia.
Además, en la región de Cachemira, que se encuentra
bajo la administración India, pero cuya población
es afín a Pakistán por ser en su mayoría
musulmana, existen desde 1989 diversos grupos armados religiosos
y políticos, que luchan por la independencia de la
provincia o por su incorporación a Pakistán.
En las islas del sur de Filipinas tiene su base de operaciones
Abu Sayaf un grupo guerrillero islámico en un país
cristiano, que ha sido la excusa perfecta para que Washington
estableciera su presencia militar para combatir al terrorismo,
sin embargo algunos analistas sostienen que los EE.UU. tienen
enormes intereses económicos en las riquezas gasíferas
del Mar de China Meridional.
A pesar del auge del protagonismo de las milicias islámicas,
existen más grupos rebeldes tradicionales con base
política. Algunos de ellos son: el Nuevo Ejército
del Pueblo, de ideología comunista, que la semana pasada
provoco tres muertos en Filipinas; Al Fatah en Palestina,
cuya fuerza armada mantiene una guerra civil con Hamas; el
PKK y el PDK que operan desde territorio irakí e iraní
contra Turquía para lograr la independencia del Kurdistán
la nación sin Estado más populosa del mundo.
Otros grupos armados independentistas activos son: la resistencia
chechena contra la invasión rusa; el Ejército
Autónomo de Beluchistán, que ambiciona la autodeterminación
de esta provincia compartida por Irán, Pakistán
y Afganistán; y los Tigres del Tamil en Sri Lanka,
que lucha contra la poderosa minoría étnica
cingalesa.
Sin embargo, la distinción entre guerrillas políticas
y religiosas se mezcla en Irak, cuyo tablero insurgente es
el más complejo de la actualidad. Las guerrillas chiítas
proiraníes apoyadas por el clérigo Muqtada al
Sadr combaten contra el ejército estadounidense y británico
y además contra los combatientes sunnitas que se resisten
a perder la influencia frente a la mayoría chiíta.
Además, varios grupos armados sunnitas tienen nexos
con otras redes internacionales, por eso se los engloba dentro
de Al Qaeda, y otras facciones se encuentran apoyadas por
Washington para combatir a las milicias chiítas proiraníes.
La vigencia de la lucha armada en el mundo ya no depende,
como hace algunas décadas, solamente de las ideologías,
sino que el panorama se ha vuelto más amplio. El único
factor que se mantiene es la implicación de las potencias
ya sea por intereses geopolíticos, al enviar contingentes
militares o prestar apoyo logístico, o económicos
al ser las principales proveedoras de las armas para que las
guerras internas no tengan fin.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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