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Nuevo panorama guerrillero
El cambio de política
del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien a principios
de año exigía el reconocimiento de las FARC
como legítimos grupos beligerantes con un proyecto
bolivariano afín a Caracas, es un factor determinante
que contribuye a que las FARC pierdan su anclaje político.
Por
Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE)

Más allá de las dudas que genera la supuesta
operación de inteligencia montada por el ejército
colombiano para arrancar del corazón de la selva a
Betancourt y a tres norteamericanos en el momento preciso
en el que se encontraba en el país el candidato a presidente
estadounidense favorito de Álvaro Uribe, John McCain,
el motivo más importante del debilitamiento de la guerrilla
activa más antigua del continente no se debe sólo
a la dureza militar de Bogotá.
El cambio de política del presidente venezolano, Hugo
Chávez, quien a principios de año exigía
el reconocimiento de las FARC como legítimos grupos
beligerantes con un proyecto bolivariano afín a Caracas,
es un factor determinante que contribuye a que las FARC pierdan
su anclaje político.
Sin embargo, la intención de Chávez no es soltarles
la mano a las FARC, ya que esto le proporcionaría una
victoria política y militar al gobierno de Uribe, quien
a diferencia de Venezuela, lleva el estandarte del liberalismo
económico, las privatizaciones y los Tratados de Libre
Comercio (TLC) con los EE.UU. en América Latina.
El objetivo de Chávez consiste en aprovechar por un
lado el cambio de liderazgo de las FARC para hacerlas pasar
como una fuerza capaz de desmovilizarse militarmente e insertarse
en la vida democrática colombiana; algo similar a lo
que ocurriera con los paramilitares. Por otro lado, busca
salvar el descrédito de los gobiernos de centroizquierda
del continente, que se muestran más propensos al diálogo
con la guerrilla, ante el crecimiento de la popularidad de
Uribe en Colombia y en todo el mundo, con su modelo de mano
dura.
La fujimorización del modelo de Uribe es una posibilidad
que Chávez quiere evitar. La derrota militar y el desprestigio
de las FARC tiene muchas aristas comunes con la lucha contra
la guerrilla maoísta Sendero Luminoso en Perú
durante el gobierno de Alberto Fujimori, lo que produjo que
fuera electo para un tercer mandato, algo que también
busca Uribe.
Para poder sobrevivir en el siglo XXI, el proyecto marxista
leninista con el que fueron creadas las FARC en 1964 está
siendo reemplazado a la fuerza por un proyecto bolivariano
similar al de Chávez, es decir: más intervensionismo
estatal, más unidad política y económica
de los países sudamericanos y el repudio a los TLC
con Washington.
Chávez y el nuevo líder de las FARC, Alfonso
Cano, pretenden mostrar un cambio en la guerrilla, que se
presentaría como una alternativa a la derecha liderada
por Uribe y al modelo que quiere implementar el partido republicano
estadounidense.
Además, mediante la reconciliación entre Chávez
y Uribe a principios de julio, Colombia y Venezuela reactivaron
los proyectos binacionales, entre ellos un nuevo ferrocarril,
el comercio y el intercambio petrolero.
Por eso, nada hace vislumbrar que las FARC puedan continuar
con su lucha armada desde la selva, a pesar de que varios
departamentos colombianos estén controlados por sus
fuerzas. El apoyo interno y externo mutó a un pedido
de liberación de rehenes desmovilización e inserción
al sistema político y al proyecto ALBA impulsado por
Chávez.
Las otras guerrillas izquierdistas colombianas están
atravesando una crisis similar a la de las FARC, sin embargo
se muestran más proclives a las negociaciones con Bogotá.
El Ejército de Liberación Nacional (ELN) fundado
a mediados de la década del 60 ha sido influenciado
por la Revolución Cubana y por la Teología de
la Liberación.
A mediados del año pasado, las conversaciones de paz
en La Habana no prosperaron, sin embargo se volvieron a intentar
en abril de 2008. Pero, el despido del interlocutor de la
guerrilla, Francisco Galán, porque no representaba
la visión del ELN, puso fin al diálogo
con el gobierno.
En la actualidad, el ELN busca una salida política
y una cooperación más estrecha con las FARC,
que a pesar de tener un tronco diferente en su organización,
ambas guerrillas plantean los mismos objetivos: tomar el poder
para establecer un gobierno de izquierda, en lo político,
y una salida negociada que ponga fin al enfrentamiento armado,
en lo estratégico.
El Movimiento 19 de Abril (M-19) es un ejemplo de una guerrilla
de izquierda que depuso las armas, se desmovilizó y
se integró a la vida democrática. En 1990, participó
de las elecciones presidenciales y obtuvo el tercer lugar.
En los comicios legislativos de 2006, uno de los líderes
de la guerrilla, convertida ya en el partido Polo DemocráticoAlternativo,
Gustavo Petro, fue elegido senador nacional con la mayor cantidad
de votos de la oposición.
Del otro lado del tablero político de las guerrillas
colombianas se encuentran los paramilitares de extrema derecha,
agrupados en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y fuertemente
vinculados con el presidente Uribe, su primo Mario y varios
altos funcionarios del gobierno, entre ellos el vicepresidente
Francisco Santos Calderón. Aunque, algunos analistas
dudan de que las declaraciones de los paramilitares desmovilizados
que involucran al gobierno sean fiables.
La desmovilización de las AUC, que comenzó
en 2003, no se ha completado eficientemente, ya que varios
miembros han vuelto a tomar las armas para dedicarse a formar
parte de bandas delictivas, que poco tienen que ver con el
objetivo fundacional de las AUC.
Se acusa al grupo de derecha Águilas Negras, que opera
en la frontera con Venezuela capturando guerrilleros de las
FARC y traficando armas y drogas, de tener lazos con la oposición
venezolana, lo que implicaría aun más a su vecino
en este conflicto, que dejó de ser exclusivo de Colombia.
De la misma manera que las FARC y el ELN, las AUC financian
su lucha con el narcotráfico y los secuestros extorsivos.
La senadora opositora Piedad Córdoba, quien encabezó
con Chávez el proceso de liberación de la compañera
de fórmula presidencial de Betancourt, Clara Rojas,
ha sido una de las víctimas del secuestro de las AUC,
por eso ha pasado varios años exiliada en Canadá.
Se calcula que los paramilitares son causantes de la desaparición
de alrededor de 15 mil personas y aunque Washington los haya
incluido en su lista de grupos terroristas, el Plan Colombia,
por medio del cuál los EE.UU. financian oficialmente
la lucha contra el narcotráfico, se ha centrado en
combatir con más énfasis a las FARC y al ELN
que a las AUC.
Se prevé para el futuro de la lucha armada de Colombia
una desmovilización de las guerrillas, sin embargo
el enfrentamiento mayor se está llevando a cabo entre
el modelo privatizador y de mano dura de Uribe, que busca
aplastar militarmente a las guerrillas de izquierda, y el
estatista y dialoguista de Chávez, que pretende influir
en la política colombiana a través de la inserción
democrática de los guerrilleros de las FARC.
Este año va a ser decisivo en la historia de las guerrillas
colombianas, ya que el endurecimiento militar y diplomático
de Uribe se combinó con el cambio de estrategia de
Chávez, lo que provoca que la vía militar deba
ser abandonada por las guerrillas para poder subsistir y retomar
el apoyo político de los actores externos.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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