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- AFGANISTÁN
Diferencias y similitudes entre
Irak y Afganistán
Se
dice habitualmente que los dos principales escenarios de enfrentamiento
entre las fuerzas occidentales y el terrorismo islámico
los conforman Irak y Afganistán, aunque la incontrolable
violencia en estos dos países sea mucho más
compleja que la idea de la lucha entre la democracia contra
la barbarie dictatorial religiosa.
Por
Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE)

El caso de Irak va más allá de una guerra civil
convencional entre musulmanes chiitas y sunitas, ya que ambas
comunidades tienen enormes diferencias internas y cada una
posee sus propios grupos armados que atentan contra los oponentes
y los ejércitos ocupantes, resultando los más
perjudicados los civiles que conviven con la muerte a diario.
Entre las guerrillas sunitas se encuentran los combatientes
de Al Qaeda, que llegaron al país luego de la invasión
norteamericana y no antes como pretende tergiversar la Casa
Blanca, procedentes de diversos países del mundo musulmán;
y el ejército Al Sahwa (Despertar), compuesto por unos
80 mil hombres, que está constituido por algunos sunitas
disidentes que militaron en Al Qaeda y combatientes no extremistas.
El objetivo de Al Qaeda es barrer de Irak a los ejércitos
occidentales y limitar al máximo la influencia de la
mayoría chiita y por ende de Irán.
En cambio, el papel que desempeñó Despertar
desde 2006 hasta el mes pasado fue fundamental para la pacificación
de Irak, ya que se firmaron acuerdos para trabajar en conjunto
con el ejército irakí y con las fuerzas de ocupación.
Las guerrillas de la comunidad chiita tienen su bastión
principal en el sur, sobre todo en Basora, en donde opera
el ejército británico y por el que fluye el
80 % del petróleo que Irak exporta. Pero, también
las guerrillas chiitas están diseminadas por todo el
territorio irakí, y luchan contra los anteriormente
poderosos sunitas y en algunos casos contra los ejércitos
extranjeros.
La guerrilla chiita más importante por su número,
capacidad de acción e influencia entre la población
es la que comanda el clérigo Muqtada Al Sadr llamada
Al Mahdi. Los feroces ataques de Al Sadr contra las instalaciones
y soldados de los ocupantes preocupó a Washington desde
el inicio de la invasión hasta 2007.
Los enfrentamientos de Al Sadr contra los sunitas de Despertar
y Al Qaeda transformaron el escenario irakí en un guerra
civil, de la que no se vislumbra un final. Además,
hace quince días una parte del ejército de Irak
sugirió que se debía terminar con la alianza
con los sunitas de Despertar, lo que podría provocar
una escalada mayor de violencia.
Sin embargo, la cooperación de Despertar con el gobierno
central y el alto el fuego pactado con Al Sadr fueron las
verdaderas causas de la pacificación de Irak desde
septiembre del año pasado, y no el incremento de tropas
que envió Washington.
La semana pasada Al Sadr anunció que luego de la tregua
alcanzada con el presidente irakí Nuri Al Maliki se
va a quedar a vivir en Irán, desde donde dirigirá
a Al Mahdi y lo orientará hacia labores sociales y
no violentas, excepto que Al Maliki no firme urgentemente
un calendario de retirada con las tropas norteamericanas,
en ese caso podría volver a lanzar operaciones contra
objetivos occidentales y sunitas en Irak.
Algunos analistas acusaron a Irán de estar detrás
de Al Sadr y de pretender arrebatarle la conducción
de su ejército. Otros sostienen que Teherán
pretende neutralizar a Al Mahdi para que el gobierno de Al
Maliki pueda gobernar sin una enorme y popular guerrilla chiita
opositora.
Esta última afirmación parecería ser
la más acertada, ya que este año Irán
firmó millonarios acuerdos bilaterales con el gobierno
irakí, por eso no sólo Washington está
sosteniendo a Al Maliki, sino también Teherán.
La base del ejército irakí la conforma otra
guerrilla chiita llamada Brigadas Badr, que es el brazo armado
del Consejo Supremo Islámico, el sector más
cercano a Irán y uno de los mayores enemigos de Al
Sadr. Las Brigadas Badr fueron entrenadas durante la década
del 80 por Irán para que lucharan en contra de Sadam
Husein.
En Afganistán la situación está desbordada,
no sólo por el escándalo que provocó
la muerte de 10 soldados franceses en una emboscada -o de
acuerdo a algunas versiones bajo el fuego amigo
y la matanza de 70 civiles en su mayoría niños
por un error en un bombardeo de la Fuerza Aérea Norteamericana,
sino por el resurgimiento de las milicias talibanes y la renuncia
del dictador pakistaní Pervez Musharraf, quién
constituía el mayor aliado de los EE.UU. en la lucha
contra Al Qaeda.
Ya desde el año pasado se vislumbraba que la guerrilla
Talibán estaba cobrando más fuerzas, en parte
por las alianzas que tejió con los todopoderosos líderes
de los clanes que se encuentran de ambos lados de la frontera
afgano-pakistaní.
El ejército de Pakistán nunca pudo doblegar
a los líderes tribales locales durante el gobierno
de Musharraf, por eso ha tenido que tejer una importante alianza
entre 2004 y 2006, que fue aprovechada por los talibanes para
reorganizarse y lanzar ataques en todo el territorio afgano
y en gran parte de Pakistán.
Desde la renuncia de Musharraf, y la llegada al poder del
gobierno de coalición del ex primer ministro Nawaz
Sharif y del viudo de Benazir Bhutto, Asif Zardari, se prevé
que el nuevo gobierno pakistaní podría volver
a pactar con los talibanes para defender su frágil
posición, lo que crearía un círculo vicioso
que fortalecería nuevamente a los islámicos.
Los ojos de Washington están muy atentos a esta movida.
Para desestimarla los EE.UU. anunciaron que van a seguir cooperando
con Islamabad en la lucha contra el terrorismo.
Sin embargo, Barak Omaba está mucho más pendiente
de cómo se está desarrollando este nuevo resurgir
talibán, debido a que en varias oportunidades manifestó
que si la situación tendiese a empeorar podría
ordenar un bombardeo del lado pakistaní de la frontera
con Afganistán, en caso de llegar a la presidencia.
Además Obama busca fortalecer su debilitada imagen
en política exterior, por eso se está refiriendo
con mayor frecuencia a las guerras de Irak y Afganistán.
El candidato demócrata anunció que va a iniciar
una retirada ordenada de Irak, pero por otro lado va a incrementar
entre12 y 15 mil soldados de refuerzo en Afganistán,
porque la situación parece incontrolable.
No hay una relación directa entre las guerrillas de
Irak y Afganistán, con la excepción de la presencia
de Al Qaeda en los dos países, sin embargo en ambos
casos la posición de Washington está bastante
debilitada.
La fácilmente quebrantable tregua en Irak parece estar
funcionando, pero se sabe que con cualquier movimiento en
contra de Washington que haga Irán la situación
puede empeorar. Por eso, la solución de la insurgencia
irakí depende de los acuerdos entre Washington y Teherán.
En cambio, en Afganistán el panorama no es tan claro,
si todo dependiese del gobierno pakistaní sería
una solución para Washington, sin embargo la realidad
es otra. Los EE.UU. deben apuntalar al nuevo gobierno de Pakistán
y también al del afgano Hamid Karzai y convencer a
los otros aliados de la OTAN de que la presencia de tropas
en Afganistán está totalmente justificada, a
pesar del debate que se abrió en Francia la semana
pasada. Por eso, la conclusión es que, a diferencia
de Irak, en Afganistán la única manera de que
los EE.UU. salgan airosos es con una victoria militar, que
por ahora parece muy lejana.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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