| IRÁN
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19 de agosto de 2007
¿Por
qué EE.UU. no puede atacar a Irán?
La estrecha relación
que Irán tejió con potencias regionales, como Rusia,
China y Turquía, sumada al papel importante que va a desempeñar
para los intereses europeos, aleja cada vez más la
posibilidad de que Occidente considere a Teherán como un
objetivo bélico.
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Ver también: Irán pone a prueba su fortaleza
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Ver También: Los intereses de Rusia en Irán
El
resurgimiento de las milicias talibanes en Afganistán y en
Pakistán sumado a los problemas crecientes de seguridad en
Irak, son dos factores claves que alejan la posibilidad de un
ataque norteamericano a Irán. A este escenario hay que
agregarle que la República Islámica cada vez está menos
aislada del contexto político y económico regional e
internacional.
Mucho
se ha escrito en los últimos cuatro años sobre la inminencia
de una invasión o de un ataque aéreo a Teherán, apoyado por
Washington y Londres, debido a las enormes diferencias que
mantienen desde la Revolución de 1979. Sin embargo, muchos
analistas atribuyeron la dilación del plan bélico a
que Irán, país rico en petróleo, podría dejar de bombear
crudo hacia occidente y bloquear la salida de buques de otros
estados del Golfo Pérsico que exportan hidrocarburos, lo que
provocaría una grave crisis económica mundial.
Esta observación no es del todo
completa, ya que la economía de Teherán depende en gran
parte de las compras de combustible por parte de las
potencias. El principal factor que impide un ataque a Irán es
que el régimen de Irán no está tan solo como se piensa.
Relación con
Rusia
Moscú es uno de los principales aliados
de Teherán sin importarle cuál sea la línea ideológica del
gobierno. Lo era con el moderado Mohamed Jatami y lo es con el
conservador Mahmud Ahmadinejad.
Rusia no sólo veta todas las
resoluciones contrarias a Irán en el Consejo de Seguridad de
la ONU, sino que es un inversor directo del programa nuclear
iraní. Además, saca provecho de la cuantiosa venta de armas,
entre las que se destacan los misiles S-300 para defender las
instalaciones nucleares.
Además, Rusia utiliza en su provecho la
situación de enfrentamiento de Estados Unidos con Teherán,
ya que la influencia regional iraní es un freno a la temida
expansión de la OTAN en Eurasia.
Relación con
China
La rápida expansión industrial de Pekín
demanda cada vez más cantidad de hidrocarburos, que China no
posee y que debe importar en su mayoría de Irán. A su vez,
Teherán junto con Pakistán son los dos principales
compradores de armas chinas.
Tal como sucede con Rusia, China es
miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y ha
frustrado toda resolución contraria a Irán propuesta por
Occidente.
Relación con el
espacio postsoviético
Sin duda, los dos ex países soviéticos
más cercanos a Irán son Armenia y Turkmenistán. Con el
primero mantiene una fluida relación energética, ya que este
año se inauguró un gasoducto que reduce la dependencia
armenia del gas ruso. Con respecto a su vecino del norte,
Turkmenistán, Irán se beneficia de lo depreciado que se
encuentra el gas turkmeno.
Sin embargo, Teherán mantiene excelentes
relaciones diplomáticas con ex estados soviéticos muy
cercanos a Estados Unidos: Georgia, Kazajstán y Azerbaiyán.
El gobierno de Georgia anunció en
diciembre de 2006 que va a importar gas iraní si continúan
los constantes sabotajes rusos al sistema de gas georgiano. A
su vez, Kazajstán tiene planeado tender un oleoducto para
suministrar combustible a las industrias iraníes. Y por último
Azerbaiyán tiene importantes acuerdos comerciales con su
vecino del sur y ha propuesto que el problema nuclear de Irán
sea tratado exclusivamente dentro del marco legal de la ONU,
rechazando la posibilidad de una invasión unilateral
norteamericana.
Además, Irán participa cada vez más
activamente como miembro – por ahora observador – del
Grupo de Shanghai, asociación política-económica-militar
entre Rusia, China y los países de Asia Central, la cuál
contrapone la influencia de la OTAN en el Mar Caspio.
Relación con Europa
La oposición europea al programa nuclear
iraní no tiene tanta relación con la posibilidad de que éste
sea utilizado para agredir a Israel o a aliados
norteamericanos en Europa del Este, sino que constituye un
modo de coerción para que los mismos estados europeos puedan
formar parte del lucrativo desarrollo nuclear de Irán, con la
excusa de que controlan que no se desvíe material para la
construcción de armas.
Europa considera de alta importancia la
relación energética con Irán. En primer lugar cada vez está
más cerca de la construcción del gasoducto Nabucco Este
proyecto crea una fisura entre los intereses norteamericanos
de aislar a Irán con los deseos europeos de reducir su
dependencia del gas ruso. El proyecto Nabucco busca extraer el
gas de Azerbaiyán para ser transportado a través de Georgia,
Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría y Austria. Existen
avanzadas negociaciones para sumar a Irán a este proyecto,
precisamente este es el punto álgido entre Europa y
Washington. Su extensión sería de 3000 kilómetros y estaría
finalizado en 2011.
Además, en julio de 2007 el presidente
Ahmadinejad firmó con Turquía la construcción de un
gasoducto que va a transportar el gas turkmeno hacia Europa.
Así, Bruselas reduce la dependencia gasífera de Rusia y
apuesta a un tendido de redes de hidrocarburos menos costoso
que si atravesara el Mar Caspio desde Turkmenistán.
Relación con Turquía
Más allá de los negocios de transporte
de gas y petróleo compartidos, Irán participa con Turquía
de una política común de contención de kurdos
independentistas. El Kurdistán es la nación más numerosa
del mundo que no cuenta con un estado propio.
El gobierno de Turquía planea periódicamente
junto con Irán bombardeos a aldeas kurdas, donde
supuestamente se refugian soldados de milicias
independentistas de esta nación.
Relaciones con Afganistán
El presidente afgano Hamid Karzai, es un
cercano aliado de EE.UU. en la lucha contra el terrorismo.
Pero, la semana pasada en su visita a Washington, Karzai dijo
que Irán ayudaba y no entorpecía la reconstrucción de
Afganistán.
Las raíces históricas entre estos dos
pueblos se hallan por encima de cualquier desacuerdo político
entre los gobiernos. Existen alrededor de un millón de
obreros afganos trabajando en Irán y más de 300 empresas
iraníes operan en Afganistán.
Influencia en
Irak
A pesar de que Irán niegue su
participación en la insurgencia iraquí, Teherán ejerce una
enorme influencia en la población chiíta iraquí. Algunos líderes
religiosos chiítas iraquíes se han formado en Irán.
Además, Irán presiona a Estados Unidos
a través de la comunidad chiíta iraquí a la cuál
influencia.
Ahmadinejad comparte con Bush el mismo
objetivo de un Irak pacífico, pero las influencias iraníes
actúan a favor de que la comunidad chiíta domine por
completo el panorama político por sobre los sunnitas y los
kurdos. En cambio, Washington busca que la participación
multisectorial iraquí devuelva la calma que permita seguir
invirtiendo en el sector petrolero y de servicios públicos
del país árabe.
Otro objetivo común que mantiene EE.UU.
con Irán es la erradicación de la presencia de Al Qaeda en
Irak, ya que esta agrupación extremista lucha por establecer
el islamismo sunnita.
El tema más candente entre Teherán y
Washington gira en torno a la supuesta provisión de armas por
parte de Irán a las milicias insurgentes iraquíes. No
existen pruebas concretas de que esto suceda a pesar de que se
hayan encontrado armas iraníes entre las milicias anti
norteamericanas.
Conclusión
Estados Unidos va a seguir apostando al
descrédito internacional de Irán y a una implosión política
basada en la falta de libertades y el descontento social, que
provoque la caída del régimen religioso y que lo sustituya
por uno pro occidental.
Actualmente, los vetos rusos y chinos a
las resoluciones del Consejo de Seguridad han frenado todas
las iniciativas anti iraníes. También, hay que agregar que
EE.UU. cuenta con el apoyo de pocos países para un ataque,
pero cabe recordar que en marzo de 2003 muy pocos estados
apoyaron la invasión a Irak y sin embargo ésta se produjo y
la fuerza ocupante contaba con soldados de decenas de países.
A pesar de este dato, Irán no es un país
débil, no sufrió el desgaste que sobrellevó Irak entre 1991
y 2003 por las sanciones económicas, y ha estrechado lazos
muy fuertes con potencias regionales que siguen apoyando al
país, con una visión estratégica, sin importar quién
lo gobierne.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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