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CHINA
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26 de mayo de 2009
Juegos de guerra en extremo
oriente
El intento de Pekín de volver a
adueñarse del Índico y el Pacífico se hace presente en
épocas de crisis económica mundial, pero resulta
imprescindible para la supervivencia y crecimiento de esta
potencia emergente.
Por
Maximiliano
Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE
el 11/05/2009)

Cuando a comienzos del siglo XVI los primeros exploradores
europeos llegaron con sus endebles barcos a la costa este de
África y a la India escucharon los relatos de los pobladores
locales, que hacían referencia a una poderosa flota china
que los había visitado ochenta años antes.
Se trataba del comandante eunuco Zheng He, que entre 1405 y
1433 exploró el Océano Índico y gran parte del Pacífico para
desarrollar el comercio y acordar uniones matrimoniales con
monarquías asiáticas. La descomunal flota que utilizaba en
sus viajes estaba comprendida por decenas de barcos que
transportaban alrededor de 30 mil hombres.
Europa quedó impresionada ante semejante organización y
avance tecnológico chino, que superaba ampliamente a la
capacidad europea para establecer asentamientos y
abastecerse en sus incipientes viajes.
La imposición del confucianismo y por lo tanto la vuelta al
aislamiento arrasó con la hegemonía china de los mares.
Una apuesta fuerte
El intento de Pekín de volver a adueñarse del Índico y el
Pacífico se hace presente en épocas de crisis económica
mundial, pero resulta imprescindible para la supervivencia y
crecimiento de esta potencia emergente.
A pesar de la desaceleración, se prevé que China crezca un 6
% este año. Para ello va a requerir más recursos energéticos
y además deberá asegurarse que las rutas de
aprovisionamiento de hidrocarburos permanezcan despejadas de
los posibles competidores: Japón, Taiwán, India y los EE.UU.
Por otro lado, se agrega la rivalidad con el resto de los
países del extremo oriente por la soberanía del Mar de la
China Meridional, que posee alrededor de 150 mil millones de
barriles de petróleo en su subsuelo.
A fines de abril, la Marina china realizó un vasto
despliegue de fuerza en su zona marítima, con el pretexto de
celebrar el sexagésimo aniversario de su creación. El
incremento del gasto de Defensa para este año en un 15 % va
a ser utilizado para desarrollar el área de la Marina.
En la exhibición participaron dos submarinos nucleares, seis
fragatas cinco caza torpedos, y un buque de desembarco, acto
que es tomado como una provocación por parte de las otras
potencias regionales y por los EE.UU.
Entre marzo y abril ocurrieron cinco incidentes entre Pekín
y buques norteamericanos, que ingresaron en las aguas
territoriales chinas. Washington no reconoce el Tratado de
Legislación Marítima de la ONU, por lo tanto considera a
esas aguas internacionales.
Competencia regional
Pese a que China insista en que no busca una expansión
militar en los mares que limitan con su territorio, la
carrera armamentista es inevitable. Japón también depende de
la seguridad de las rutas de aprovisionamiento energético.
El principal problema es el cuello de botella que conforma
el estrecho de Malaca, que separa por muy pocos kilómetros
Indonesia de Malasia y por el que Japón se abastece del 75 %
del crudo que importa.
Este escenario conlleva un inevitable incremento de armas en
la región. Los países que suscribieron el Tratado de
Legislación Marítima - China, Taiwán, Japón, Corea del Sur,
Filipinas, Malasia y Vietnam - reclaman las insignificantes
Islas Spratly, situadas en medio del Mar de China
Meridional, ya que el poseedor de este archipiélago tiene
derecho a reclamar una gran porción de la rica plataforma
marítima.
Alianzas con Washington
Tokio reaccionó inmediatamente ante despliegue de la Marina
china. Por un lado está actualizando sus recursos militares
y por el otro comenzó negociaciones con los EE.UU. para la
instalación en su territorio de un escudo antimisiles.
Tres días después de los ejercicios militares chinos, el 26
de abril, Washington firmó con Taiwán un Acuerdo de
Cooperación Económica para apuntalar la decaída economía de
la isla a causa de la crisis internacional.
Esta reacción estadounidense irrita a las autoridades
chinas, que hacen del conflicto con Taiwán la razón más
importante de su política interior, ya que Pekín considera a
esta isla como parte de su territorio.
Del lado del Índico, India también rivaliza con China por la
presencia militar en sus aguas. Los tratados nucleares
firmados por el gobierno de Bush con la India, y que Obama
no estaría dispuesto a profundizar, blindó al país asiático
del expansionismo militar chino e impulsó el peligroso
rearme en la región.
El crecimiento económico chino va a continuar produciéndose,
pero para asegurarlo deberá controlar los mares que le
aseguren los recursos para su expansión industrial. La
muestra de poder militar disuade a los países más débiles,
que buscan asilo en los tratados suscriptos con los EE.UU.
La nostalgia por la superioridad militar marítima que
ostentaba China en épocas de Zheng He está regresando. Los
EE.UU. tratan de influir sin confrontar directamente con
Pekín. Por eso, China debería fijarse un límite en su
expansión militar si pretende alcanzar una hegemonía no
agresiva, que podría desencadenar una importante escalada
bélica en la región.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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