| COLOMBIA
Los reclamos indígenas
en Colombia
La política de Uribe
de reprimir los movimientos sociales y de asociar libremente
disidencia con terrorismo puede llegar a constituir un revés
para el gobierno, que se ve acorralado por las múltiples
protestas sindicales y por la gran capacidad organizativa
de los indígenas, que desde 1991 reclaman legítimamente
las tierras que el gobierno se comprometió a devolvérselas.
Por
Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE)

La columna de 25 mil indígenas procedentes del departamento
sureño de Cauca llegó a Cali para apoyar a sus
líderes en el encuentro que mantuvieron ayer con el
presidente Álvaro Uribe, a quién le reclamaron
la restitución de grandes hectáreas confiscadas,
la firma de un acuerdo sobre los derechos de los pueblos originarios,
el respeto al medioambiente por parte de las empresas multinacionales
de gas y petróleo y el rechazo a la firma de un Tratado
de Libre Comercio con los Estados Unidos.
La muerte de tres manifestantes luego de la feroz represión
policial de la semana pasada provocó un levantamiento
masivo de varias de las comunidades nativas de todo el país,
que se sumaron a la marcha.
No es extraño que el gobierno haya reaccionado con
violencia policial y verbal contra los manifestantes de los
pueblos originarios. En primer lugar, todo acto opositor lo
suele catalogar dentro del concepto de terrorismo o funcional
a éste. Terrorismo para este gobierno es el de las
FARC y no el de los Paramilitares, que han asesinado a miles
de campesinos acusándolos de colaborar con las guerrillas
opositoras.
Un informe de Human Rights Watch acusó al gobierno
de Uribe de conspirar contra las pesquisas judiciales que
hubiesen condenado a varios líderes paramilitares,
ya que al extraditarlos a los EE.UU., el proceso de investigación
independiente se vio interrumpido en Colombia. Además,
en los EE.UU. serían juzgados por los delitos de narcotráfico
y no por las atrocidades que cometieron en Colombia.
En segundo término, la actual administración
se encuentra inmersa en una serie de huelgas simultáneas
de diversos sectores que no tienen precedentes: un paro de
jueces que duró 40 días y que paralizó
el sistema judicial colombiano, huelgas de los sindicatos
de camioneros y de los cortadores de caña de azúcar
y luego del 12 de octubre se agregó la larga marcha
indígena. Varios frentes abiertos desorientan al gobierno,
que acusa al opositor Polo Democrático y a las FARC
de estar detrás de las manifestaciones para desestabilizar
al gobierno.
La ironía que maneja el presidente Uribe y sus ministros
al referirse al problema indígena debería ser
tomada como una provocación y no como una visión
diferente de la situación. Ante la muerte de tres indígenas,
luego de los disparos policiales, Uribe aceptó que
la policía se había excedido, pero culpó
a los supuestos terroristas infiltrados de manipular explosivos
artesanales que detonaron prematuramente y provocaron la muerte
de los manifestantes.
Otra muestra de sarcasmo por parte de Uribe es que el gobierno
había puesto como condición para la reunión
que los indígenas pidieran perdón, ya que 32
policías resultaron heridos por los piedrazos de los
manifestantes, mientras que el gobierno evitaba pedir perdón
por los asesinatos de indígenas por parte de las fuerzas
de seguridad.
En los últimos 10 años más de 1500 indígenas
fueron asesinados por policías o grupos paramilitares.
La burla continuó con el vocero de Uribe, quien manifestó
que durante el actual gobierno se ha reducido la violencia
y la persecución contra los indígenas,
como si fuese legítimo continuar haciéndolo
pero en menor medida.
El estigma racista heredado de la colonia que caracteriza
a los nativos como ociosos y violentos continúa durante
este gobierno, que incumple sus promesas de brindarle los
derechos básicos a los pueblos originarios, que fueron
despojados de sus tierras durante 516 años, e integrarlos
a la república con equidad.
Las acusaciones de que las FARC están dirigiendo las
protestas pretenden desvirtuar los objetivos legítimos
del reclamo, ya que aunque exista el apoyo de los guerrilleros
a los indígenas, los pueblos nativos han sido víctimas
de la guerra civil . Además del olvido de los sucesivos
gobiernos, las comunidades indígenas se han visto atrapadas
en el fuego cruzado entre las FARC y los Paramilitares, quiénes
además a lo largo de las décadas han asesinado
a varios líderes nativos.
En Colombia hay 1.350.000 indígenas a los cuáles
se les han asignado solamente 30 millones de hectáreas.
Los líderes de las comunidades originarias alegan que
el 30 % de esas tierras se encuentran ocupadas por otros dueños,
que no todas las tierras son cultivables y que unos 400 mil
indígenas no disponen de territorios. Dieciocho comunidades
indígenas están al borde de la extinción
por la desidia del gobierno.
En la última década unos 54 mil indios han
tenido que huir de sus tierras por las persecuciones del gobierno
y por causa de la guerra civil. La zona de Cauca, en donde
habitan la mayoría de los pueblos indígenas
es una zona petrolera, por eso el gobierno se muestra reticente
en cederla a los nativos.
La política de Uribe de reprimir los movimientos sociales
y de asociar libremente disidencia con terrorismo puede llegar
a constituir un revés para el gobierno, que se ve acorralado
por las múltiples protestas sindicales y por la gran
capacidad organizativa de los indígenas, que desde
1991 reclaman legítimamente las tierras que el gobierno
se comprometió a devolvérselas.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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