| Pakistán
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24
de diciembre de 2004
El
frágil equilibrio de Pakistán
El escenario
político pakistaní está conformado por distintas piezas que
lo tornan inestable, como por ejemplo las desafiantes tribus
islámicas y las mafias regionales, a lo que se le suma una
dictadura que acumula un desmesurado poder interno y es
sustentada por Estados Unidos con el descontento de la población.
Además el conflicto con India por la provincia de Cachemira
vuelven aun más peligroso el frágil equilibrio de Pakistán.

Mezquita de Badshahi en Karachi
La dictadura pakistaní encabezada por Pervez Musharraf
acaba de demostrar que la tan anunciada democratización del
país asiático no es más que una simulación, que se ha ido
incrementando desde el golpe de octubre de 1999.
Musharraf anunció, el 18 de diciembre, que mantendría, a
pesar de la inconstitucionalidad de la medida, los dos cargos:
de presidente de la República y de jefe del Ejército. Pero
esta decisión no es casual, ya que surgió del reciente apoyo
explícito de EE.UU. y de la Comunidad Británica de Naciones.
No es la primera vez que el presidente de facto, importantísimo
aliado de los intereses económicos estadounidenses y saudíes
en la región, viola la Constitución y asume poderes que no
le corresponden.
Cronología de la dictadura de Musharraf
La mayor parte del ejército pakistaní es pro islamista y
mantiene un rechazo hacia las injerencias occidentales en el
mundo islámico. De ahí surgió Musharraf, del seno del
islamismo más radical, por eso apoyó - al igual que
Washington - la toma del poder de las milicias talibanes en
Afganistán en 1996.
Luego de los atentados del 11 de septiembre, EE.UU. levantó
las sanciones económicas que mantenía desde 1998, a raíz de
un conflicto con India, que casi arrastra al sur de Asia a una
guerra nuclear, a cambio del apoyo incondicional de Pakistán
a la ocupación del vecino Afganistán.
Inmediatamente, el gobierno expulsó del ejército a los
oficiales más islamistas y así Musharraf se convirtió en el
principal líder antiterrorista de la región.
En 2002, el gobierno ganó un referéndum para que
Musharraf pudiese ser presidente cinco años más. El 97 por
ciento de los pakistaníes lo apoyaron, a pesar de las
denuncias de fraude de los observadores nacionales e
internacionales.
La débil oposición acusó al presidente de querer
debilitar aun más la democracia al decretarse superpoderes,
entre ellos, la facultad de disolver el parlamento elegido
democráticamente. A esto se sucedieron proscripciones
electorales y varios nombramientos a dedo de altos cargos a
aliados de Musharraf, que deberían haber sido elegidos
popularmente.
Conflicto de Cachemira
Las dos guerras que mantuvieron India y Pakistán por la
soberanía de Cachemira, cuya población es mayoritariamente
musulmana pero por capricho de un líder hindú de la
provincia pasó a formar parte de la India (dos tercios de la
región), dejaron heridas que aun no han cerrado, a pesar de
que este año fue propicio para las conversaciones y
distensiones.
Desde 1989, una guerrilla islámica opera en la Cachemira
India. Nueva Dehli acusa a Pakistán de apoyarla.
Pero, los diálogos que se produjeron a lo largo de este año
arrojaron varias propuestas: una re división del territorio
para dejar las zonas musulmanas dentro de Pakistán y las hindúes
dentro de la India, también se habló de una autonomía
controlada por las Naciones Unidas.
Un plebiscito sería inaceptable para la India, puesto que
la mayoría musulmana votaría por la anexión total de
Cachemira a Pakistán, mientras que Pakistán rechaza la
actual frontera que favorece a India.
Lo concreto es que ambos países retiraron tropas de la
provincia a fines de 2004, pero las guerrillas siguen
comentiendo atentados.
El frente interno
Los alzamientos de los caudillos tribales, que dominan
amplios territorios e imponen su ley fueron un dolor de cabeza
para Musharraf en el último año, al igual que el
recrudecimiento de atentados suicidas, enfrentamientos
religiosos entre chiítas y sunnitas y guerrillas en
provincias secesionistas.
Las organizaciones mafiosas que operan lejos del poder
central, pero actúan en conjunto con el ejército de Pakistán,
han incrementado su campo de acción desde el comienzo de la
guerra de Afganistán. Más de 3 millones de refugiados
afganos, muchos de ellos combatientes talibanes, han llegado a
las provincias occidentales del país. La paupérrima situación
de los refugiados es aprovechada por grupos ilegales para
utilizarlos en el contrabando de armas, el lavado de dinero, y
para reclutar combatientes o suicidas que operan en la India o
en Cachemira,
A comienzos de este año, la rebelión de varias tribus islámicas
de la provincia de Waziristán provocó enfrentamientos
armados con el ejército nacional, pero por sorpresa para
Islamabad, dos tribus históricamente rivales se unieron para
combatir a las fuerzas gubernamentales.
La provincia sur de Beluchistán, que está compartida por
Irán, Pakistán y Afganistán, es la que tiene los mejores
recursos naturales, pero allí viven los beluches, que
presentan los niveles más bajos de desarrollo de Pakistán.
Los beluches fueron muy combativos contra el ejército
colonial británico, y contra los países que los
dominaron luego; actualmente la guerrilla no puede ser
controlada y los atentados suicidas se están incrementando
con el correr de los meses.
Al Qaeda
Miles de combatientes talibanes han llegado al territorio
pakistaní, el ejército nacional siempre simpatizó con
ellos, sin embargo, el gobierno militar debe demostrar firmeza
en su compromiso con Washington para la lucha contra el
terrorismo. Durante 2004 con cada detención de un líder de
Al Qaeda, se suceden atentados terroristas, inclusive contra
el propio presidente, lo que demuestra que el islamismo
violento no ha sido controlado en Pakistán como predica
Musharraf.
Conclusión
A pesar de que el problema de Cachemira no es sencillo, la
distensión con la India es un aspecto positivo que genera
esperanzas de una posible pacificación, pero los
enfrentamientos tribales y religiosos y el apoyo de gran parte
de la población a los combatientes anti occidentales vuelve
la situación política muy inestable. El equilibrio se
mantiene por el abuso de poder por parte de la dictadura
militar, pero Musharraf no está exento a sufrir un golpe por
parte del ejército pro islamista.
Esto parece lejano, más aun, cuando EE.UU. y Gran Bretaña
apoyan firmemente la dictadura en nombre de la lucha contra el
terrorismo.
Maximiliano Sbarbi Osuna

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