| SOMALIA
El resurgimiento de los piratas
modernos
El encarecimiento del costo
de transporte de las mercancías acrecienta la desaceleración
del comercio mundial, que se originó por causa de la
crisis financiera internacional. Tanto Washington como la
UE no deberían subestimar el crecimiento de la actividad
pirata ni tampoco su relación con la insurgencia islámica
si pretenden mantener la hegemonía comercial y militar
en los mares internacionales.
Por
Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE)

Al igual que varios de sus antepasados, los corsarios modernos
no actúan bajo un mando centralizado, ni pertenecen
a un único cuerpo que los agrupe, sino que operan caóticamente
como bandas independientes entre sí. A pesar de que
algunas coronas legalizaron la piratería en contra
de buques de otras banderas, en la actualidad no dependen
del financiamiento de ningún Estado, aunque en algunos
casos reciban ayudas de algunos países.
En el último año y medio crecieron de manera
alarmante los robos en los mares, lo que encarece aun más
el comercio internacional. Las zonas donde más se registran
actos de piratería son: Nigeria, el Estrecho de Malaca,
Tailandia, varios puertos de Brasil y Venezuela, Sri Lanka
y la salida de los canales de Suez y Panamá.
Pero sin dudas la actividad de los filibusteros actuales
ha crecido en las costas del anárquico cuerno de África,
precisamente en Somalía, en donde no hay un gobierno
desde hace 17 años y las guerras han producido un millón
de desplazados y otro millón de niños que sufren
desnutrición.
Las preciadas costas del norte de Somalía son estratégicas
porque están ubicadas en las puertas del Mar Rojo,
por el que transitan buques que van y vienen de Europa, y
frente a la Península Arábiga, por la cuál
circulan los barcos petroleros del Golfo Pérsico. Además
la riqueza pesquera de sus mares fue en otra época
uno de los principales ingresos de Somalía, antes de
que cayera en el caos.
Se calcula que por las costas somalíes navegan entre
1.500 y 1.600 barcos por mes, con un valor promedio de unos
US$ 2 y 3 millones de dólares en mercancías.
En 1991, la guerra civil se adueñó del país.
Los clanes tribales mantuvieron una feroz lucha por el poder
hasta 2006, año en que Al Qaeda comenzó a cosechar
los frutos de los vínculos que fue tejiendo en medio
del desorden. La creación de la UTI (Unión de
Tribunales Islámicos) alarmó a los países
de la región, principalmente a Etiopía que teme
que la influencia del extremismo islámico crezca en
la zona.
Por eso, a mediados de 2006 el ejército etíope
invadió Somalía y gracias al apoyo de los bombardeos
estadounidenses en enero de 2007 y en mayo de 2008 logró
expulsar a la UTI de los centros de poder urbanos. Hoy en
día la UTI continúa cometiendo atentados respaldados
por Al Qaeda y por el gobierno de Eritrea.
Mediante el breve gobierno islámico los piratas lograron
ser controlados, pero con la llegada de los militares etíopes
y de los bombardeos norteamericanos, algunos pescadores comenzaron
a cobrarles peaje a los barcos coreanos que extraen el atún.
Además varias bandas armadas asentadas en Somalía
vislumbraron la posibilidad de volver a saquear embarcaciones
que transitaran por sus costas, ya sean mercantiles, lujosos
cruceros y hasta buques con cargamento militar.
A fines del mes pasado los piratas somalíes capturaron
la nave ucraniana Faina que transportaba 33 tanques
T-72 y 20 tripulantes. Aun hoy se está discutiendo
el precio del rescate, que pasó de US$ 35 millones
a US$ 8 millones. A través de este secuestro se puso
en evidencia que el armamento ucraniano podría haber
sido enviado a los insurgentes armados del sur de Sudán.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU para Somalía,
del que dependen 3 millones y medio de personas, corre serio
peligro por las acciones de los ladrones de los mares.
Por eso, las potencias han tomado algunas medidas: los ministros
de Defensa de la OTAN, reunidos el jueves pasado en Hungría,
aprobaron el despliegue de siete naves de guerra para las
próximas semanas. En tanto, la ONU acordó la
semana pasada incrementar la seguridad de las rutas marítimas,
que por la proliferación de los modernos corsarios
ha encarecido el costo del comercio mundial.
Las compañías aseguradoras aumentaron sus precios
exponencialmente por los riesgos a los que se exponen los
navíos que discurren por el Cuerno de África.
La OMC calculó que la industria marítima pierde
por año entre US$ 13 y 16 mil millones por el encarecimiento
de los seguros, los secuestros y los rescates.
Algunos gobiernos locales dentro de Somalía, como
por ejemplo el de la región autónoma de Puntlandia,
acusan a los barcos norteamericanos, que patrullan la zona
bajo la dirección del comando estadounidense Africom,
de permitir la acción de los piratas en contra de buques
iraníes, dejando el control sólo para las naves
de países aliados.
Por otro lado, la llegada de Al Qaeda a Somalía levantó
las voces de alarma entre los barcos estadounidenses y europeos
por la posibilidad de que se produzcan ataques de militantes
islámicos y no de simples ladrones, a barcos occidentales
con importantes cargamentos de petróleo o material
nuclear. De acuerdo con el Ministerio de Defensa norteamericano,
algunos piratas han sido comprados por Al Qaeda.
El encarecimiento del costo de transporte de las mercancías
acrecienta la desaceleración del comercio mundial,
que se originó por causa de la crisis financiera internacional.
Tanto Washington como la UE no deberían subestimar
el crecimiento de la actividad pirata ni tampoco su relación
con la insurgencia islámica si pretenden mantener la
hegemonía comercial y militar en los mares internacionales.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

|