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LÍBANO
El intercambio de prisioneros
La entrega de los prisioneros
no se relaciona solamente con la debilidad del gobierno israelí
ni con un intento de mejorar la imagen interna de Olmert,
sino que se ajusta claramente a la estrategia occidental de
neutralizar a Siria y presionar a Irán para finalmente
lograr un acuerdo que le brinde un poco de oxígeno
a la economía norteamericana golpeada, entre otros
factores, por los altos precios del petróleo.
Por
Maximiliano Sbarbi Osuna (publicado
en el diario BAE)

Al analizar las imágenes de miles de libaneses llorando
de alegría por la liberación de cuatro combatientes
de Hezbollah, por un lado, y de miles de israelíes
prendiendo velas con lágrimas de dolor, por el otro,
se puede hacer una lectura simplista del canje de prisioneros
del miércoles pasado: Israel ha sufrido una derrota
feroz por parte de la milicia chiíta.
La liberación del despiadado Samir Kuntar, preso desde
hace 29 años en las cárceles israelíes
marcó un quiebre inédito en la política
de Israel de no negociar la libertad de asesinos de niños,
como lo es este caso. Pero, la presión de los familiares
de los soldados israelíes capturados y las manifestaciones
públicas le exigieron al debilitado gobierno del premier
Ehud Olmert que canjeara a cuatro combatientes islamistas
vivos y exultantes por los cuerpos sin vida de dos de sus
soldados.
La debilidad demostrada por Tel Aviv se pone en evidencia
cuando se sabe que el bombardeo de Israel sobre Líbano
de 2006, en respuesta a los cohetes lanzados por Hezbollah
contra poblaciones israelíes, se podría haber
evitado, ya que el mismo canje realizado la semana pasada
había sido propuesto por la guerrilla chiíta
antes de los bombardeos que provocaron una humillante retirada
israelí del territorio del Líbano, además
de los mil muertos libaneses y las 160 bajas israelíes.
En aquella oportunidad Olmert se había negado a negociar
con terroristas, hoy el panorama cambió, la figura
de Hasan Nasralah, líder de Hezbollah es muy popular
entre la mayoría de los chiítas del Líbano
y de todo Medio Oriente, por eso este canje de prisioneros
exalta aun más su figura de líder. En tanto,
las presiones de la sociedad israelí, del ejército
que tiene el deber de traer a sus soldados vivos o muertos
de vuelta, y las graves acusaciones de corrupción que
complican al gobierno pusieron contra las cuerdas a Olmert.
A este panorama se le agrega la decisión de recibir
como héroes a los ex prisioneros por parte del recientemente
formado gobierno de coalición libanés, cuyos
miembros en su mayoría se manifiestan pro israelíes
o pro norteamericanos. Este escenario promueve la pacificación
de los sectores antagónicos libaneses, que hasta hace
pocos meses se enfrentaban a tiros por las calles de Beirut.
Sin embargo, un análisis más profundo de la
situación denota que el tablero de Medio Oriente está
sufriendo grandes cambios que pueden llegar a explicar la
supuesta debilidad israelí frente a Hezollah.
El giro que dio Francia al invitar a la cumbre de la Unión
por el Mediterráneo, el pasado 13 de julio, al presidente
sirio Bashar al Asad y la mediación que iniciaron en
mayo Siria e Israel con el respaldo de Turquía, le
da oxígeno al gobierno de Damasco, cuyos únicos
aliado son Irán y Hezbollah.
La buena voluntad de Damasco de cooperar con Occidente al
permitir que varios inspectores de la AIEA (Agencia Internacional
de Energía Atómica) verificaran sus instalaciones
militares, luego de que Washington haya acusado al gobierno
de Asad de haber recibido tecnología nuclear de Corea
del Norte, indica que Siria quiere diferenciar su estrategia
de la de Irán.
Teherán rechaza todos los incentivos que Occidente
le ofrece para abandonar su plan nuclear pacífico
o no porque Irán tiene medios para responder
a un ataque israelí, en cambio Siria no puede permitirse
iniciar un conflicto bélico con su vecino.
De esta manera, con el canje de prisioneros, Israel se estaría
sumando a la estrategia francesa de diluir a Siria e incluirla
dentro del círculo de países afines, por eso
le estaría concediendo a Damasco la pacificación
del Líbano, y la aceptación tácita de
que Hezbollah integre el gobierno de coalición.
Por otro lado, la golpeada imagen de Olmert se vería
reforzada si en los próximos meses lograra alcanzar
un acuerdo que ponga fin al conflicto con Damasco.
Además, si Siria le quitara el apoyo a Hezbollah y
se comprometiera con la paz con Israel y la cooperación
con Francia, el gobierno iraní se vería aislado.
Sin embargo, Occidente pretende evitar que el régimen
iraní colapse bruscamente mediante una incursión
bélica o un cruento golpe interno, ya que esto dispararía
aun más el precio del petróleo, que se está
tornando insostenible para algunas industrias europeas y norteamericanas.
La estrategia de Washington consiste en negociar con Teherán
para consensuar lo relativo al incremento del precio mundial
del petróleo y su implicación en Irak. En tanto,
Europa ambiciona formar parte del proyecto nuclear iraní
para controlarlo y beneficiarse económicamente de su
utilización.
Por eso, la entrega de los prisioneros no se relaciona solamente
con la debilidad del gobierno israelí ni con un intento
de mejorar la imagen interna de Olmert, sino que se ajusta
claramente a la estrategia occidental de neutralizar a Siria
y presionar a Irán para finalmente lograr un acuerdo
que le brinde un poco de oxígeno a la economía
norteamericana golpeada, entre otros factores, por los altos
precios del petróleo.
Maximiliano
Sbarbi Osuna

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